El caso McGraham – Cap. 13/17

Estaba en su despacho jugando con una caja de madera. Tenía un par de esmeraldas y un rubí engarzados en la tapa. Dentro, una bailarina también de madera no dejaba de dar vueltas al ritmo de la monótona musiquilla. Oyó que alguien se acercaba a su despacho y se apresuró a esconder la cajita debajo de la mesa.

Una figura con sombrero se vislumbraba tras los cristales de la puerta. La hizo entrar. Era lady McGraham que venía de nuevo de incógnito. Se quitó el sobrero y se desabrochó la gabardina. La invitó a que se sentara. La viuda declinó la oferta y preguntó al detective qué había de nuevo. Le explicó lo que encontró el día anterior en la agenda y la conexión con las fotografías. “¿Ha leído hoy el periódico?”. Cardigan negó, preguntándose a qué venía esa pregunta; lo tenía sobre la mesa pero no lo había hojeado. “Ábralo por la sección de sucesos”.

En aquella página, el titular era directo: “Prostituta asesinada”. Más abajo continuó leyendo la noticia. Al parecer una mujer, se podía intuir que Melinda, había sido encontrada en un callejón con dos tiros en la cabeza. No podía creer lo que estaba leyendo. Lady McGraham la había matado. Aquella mujer estaba loca. Cómo pudo haber hecho semejante barbaridad. Había matado a una persona. Se levantó furioso de su asiento increpando a la viuda. Se había tomado la justicia por su mano. “Ojo por ojo. Esa furcia estaba destrozando mi matrimonio. Sé que ahora eso ya no importa. No me arrepiento y mucho menos después de la información que me acaba de dar. Si esa puta no hubiera aparecido seguramente mi marido seguiría aún vivo. Aunque si no hubiese sido ella tal vez hubiera sido otra. Eso es lo de menos”.

Cardigan seguía de pie. No podía creer lo que esa mujer le estaba diciendo. La había matado y estaba tan tranquila. La vena del cuello se le empezó a marcar cuando lady McGraham empezó a hablar de nuevo. “Estoy segura que será discreto con este asunto. Ya ha visto que mi gente trabaja muy bien”. Hablaba tranquila, tenía el control de la situación. “Además, yo le pago para obtener resultados” dijo alzando claramente la voz. “Hasta ahora no tiene nada ¡Nada! Sólo pistas inconclusas. Acaba de descubrir que mi marido no se suicidó ¡eso se lo dije yo el primer día”, añadió alterada. “Confié en usted detective Cardigan. No haga que me arrepienta ¡Quiero resultados!”.

Volvió a abrocharse los botones y se colocó el sombrero en la cabeza. Cerró de un portazo la puerta. Cardigan seguía de pie. Intentaba calmar su furia por todo lo que le había dicho lady McGraham. Se sentó. Pensó que tenía razón. Necesitaba respuestas y las necesitaba ya.

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