El caso McGraham – Cap. 10/17

Aquel despertador infernal volvió a sonar a las seis de la mañana. Alargó el brazo e hizo que el ruido cesase. La luz se colaba por la ventana. Se dio media vuelta pero aquellos ojos verdes que le observaban algunas mañanas no estaban hoy.

Cardigan se incorporó sobre la cama y puso los pies en el suelo, permaneciendo sentado se rascó la nuca y abrió el primer cajón de la mesilla de noche, cogió algo y lo volvió a cerrar. Se levantó por fin, dejó un par de aspirinas sobre el mostrador de la cocina y se metió en la ducha, donde acabó de despertarse.

Cuando salió de la bañera se dio cuenta que se le había olvidado de nuevo recoger de la tintorería la ropa que dejó, así que no tuvo más remedio que rebuscar entre la ropa sucia para escoger la camisa más decente y pasar el día, pero no encontró nada. Al volver a su habitación abrió el armario y no le quedó otra más que coger aquel jersey verde de lana con dibujos de rombos tan impropio de él, pero no tenía otra cosa. Se preparó un café y se tomó las aspirinas que había dejado en la cocina. Aquel caso era distinto al resto, tenía algo que no tenían los demás. Se le estaba complicando. Aún así, estaba convencido que pronto llegaría el momento en que encontraría un culpable.

A la hora convenida, Cardigan se presentó en la oficina de Michael McGraham donde lo esperaba la secretaria Sandra Collins y alguien más. “Buenos días detective”, le saludó lady McGraham admirando su jersey. Cardigan se sorprendió de su presencia, no sabía que miss Collins también la hubiese citado a ella y así se lo hizo saber. “No sé de qué se sorprende detective. Al fin y al cabo todos los negocios de Mike son míos ahora y la eficiente Sandra seguirá ocupando su puesto; todo sigue igual, salvo que ahora soy yo la que manda”. Al momento llamaron a la oficina.

Sandra Collins abrió la puerta, un tipo con sombrero apareció detrás y quitándoselo se identificó como el notario. Aquél hombre alto y desgarbado traía un maletín en su mano izquierda. Se disculpó por el retraso y pidió una sala donde comunicarle el número de la caja fuerte a miss Collins. Ella lo dirigió hasta el despacho de Michael McGraham y pidió la presencia de las otras dos personas. El notario leyó el documento e hizo que Sandra lo firmara una vez concluido. El notario cerró su maletín y se marchó.

La copia que había dejado contenía el número secreto para abrir la caja fuerte. Cardigan no paraba de preguntarse por qué míster McGraham dejó bien claro que el contenido de su caja fuerte debía estar en manos de su secretaria y no de su mujer.

Sandra se acercó al cuadro con la pintura de unos perros y un cazador, lo retiró y apareció la ansiada caja. Giró la cerradura siguiendo la lista de números que aparecían en el papel y la caja se abrió. Los tres se miraron y miss Collins procedió a sacar lo que había en su interior.

De ella sólo pudo extraer dos cosas: un sobre y una agenda.

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