Emparanoiado

Fue el jueves 3 de abril. El domingo anterior había sido el cambio de hora. Me acosté a las 22:30 justo cuando el Getafe marcaba gol. Estaba tan cansado que me quedé dormido enseguida. Me desperté con la alarma del despertador, intentaba pararla dándole al botón pero la alarma seguía sonando. Le di a otros botones pero seguía sin parar hasta que por fin le di a uno y el ruido cesó. Eran ya las 6:00 de la mañana, hora de levantarse. En el reloj-despertador aparecían las 23:30. No podía ser si ya eran las 6:00, habría habido algún corte de luz durante la noche y se habría quedado esa hora ¿y la pila del despertador que conserva la hora? Estaría gastada. Bueno, pero ¿qué hora era exactamente? Alargué el brazo y cogí el teléfono móvil; ponía que eran las 22 y pico ¡hostia si no había cambiado la hora aquí! Tontería guiarme por el móvil. Pero miré y tenía una llamada perdida ¿una llamada perdida? De un número que desconocía ¿A qué hora? Las 22:30. ¿22:30? Pero si a esa hora me acosté y no escuché nada. Vamos a ver, pero qué hora era en ese momento. Alargué de nuevo el brazo a la mesilla de noche y cogí mi reloj de pulsera, ese nunca falla. Miré la hora y vi que eran las 23:30 ¿también aquí? A ver, a ver ¿qué estaba sucediendo? Eran las 23:30, eso ya era seguro, pero ¿por qué sonó el despertador a las 23:30? Miré la hora de la alarma para asegurarme y vi que efectivamente tenía las 6:00. Llevaba durmiendo nada más que 1 hora y me pareció que llevaba toda la noche. ¿Pero por qué sonó la musiquilla del despertador? ¡Un momento! En el despertador tengo puesto la radio y esa musiquilla que sonó… esa música que sonó era del móvil. ¿Cuándo me dejé yo puesta la alarma del móvil? Cogí el móvil otra vez y miré la configuración del despertador. Estaba deshabilitado. ¿Entonces? ¡Claro! La llamada perdida. No fue a las 22:30 como quedó reflejada, si no que fue a las 23:30 que era la hora auténtica y que no había cambiado. Me llamaron al móvil y me despertaron, sólo fue eso, y yo me monté una película de órdago. Me di media vuelta. Tenía 6 horas y media aún por dormir.

El caso McGraham - Cap. 10/17

Aquel despertador infernal volvió a sonar a las seis de la mañana. Alargó el brazo e hizo que el ruido cesase. La luz se colaba por la ventana. Se dio media vuelta pero aquellos ojos verdes que le observaban algunas mañanas no estaban hoy.

Cardigan se incorporó sobre la cama y puso los pies en el suelo, permaneciendo sentado se rascó la nuca y abrió el primer cajón de la mesilla de noche, cogió algo y lo volvió a cerrar. Se levantó por fin, dejó un par de aspirinas sobre el mostrador de la cocina y se metió en la ducha, donde acabó de despertarse.

Cuando salió de la bañera se dio cuenta que se le había olvidado de nuevo recoger de la tintorería la ropa que dejó, así que no tuvo más remedio que rebuscar entre la ropa sucia para escoger la camisa más decente y pasar el día, pero no encontró nada. Al volver a su habitación abrió el armario y no le quedó otra más que coger aquel jersey verde de lana con dibujos de rombos tan impropio de él, pero no tenía otra cosa. Se preparó un café y se tomó las aspirinas que había dejado en la cocina. Aquel caso era distinto al resto, tenía algo que no tenían los demás. Se le estaba complicando. Aún así, estaba convencido que pronto llegaría el momento en que encontraría un culpable.

A la hora convenida, Cardigan se presentó en la oficina de Michael McGraham donde lo esperaba la secretaria Sandra Collins y alguien más. “Buenos días detective”, le saludó lady McGraham admirando su jersey. Cardigan se sorprendió de su presencia, no sabía que miss Collins también la hubiese citado a ella y así se lo hizo saber. “No sé de qué se sorprende detective. Al fin y al cabo todos los negocios de Mike son míos ahora y la eficiente Sandra seguirá ocupando su puesto; todo sigue igual, salvo que ahora soy yo la que manda”. Al momento llamaron a la oficina.

Sandra Collins abrió la puerta, un tipo con sombrero apareció detrás y quitándoselo se identificó como el notario. Aquél hombre alto y desgarbado traía un maletín en su mano izquierda. Se disculpó por el retraso y pidió una sala donde comunicarle el número de la caja fuerte a miss Collins. Ella lo dirigió hasta el despacho de Michael McGraham y pidió la presencia de las otras dos personas. El notario leyó el documento e hizo que Sandra lo firmara una vez concluido. El notario cerró su maletín y se marchó.

La copia que había dejado contenía el número secreto para abrir la caja fuerte. Cardigan no paraba de preguntarse por qué míster McGraham dejó bien claro que el contenido de su caja fuerte debía estar en manos de su secretaria y no de su mujer.

Sandra se acercó al cuadro con la pintura de unos perros y un cazador, lo retiró y apareció la ansiada caja. Giró la cerradura siguiendo la lista de números que aparecían en el papel y la caja se abrió. Los tres se miraron y miss Collins procedió a sacar lo que había en su interior.

De ella sólo pudo extraer dos cosas: un sobre y una agenda.

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Ministeriando

- ¿Qué te parece el nuevo Ministerio que ha creado ZP?

- ¿Ha creado un nuevo Ministerio?

- El Ministerio de la Igualdad.

- ¿Ah sí? Por fin un Ministerio que se ocupe de que todos seamos iguales. Que los extremeños, catalanes, manchegos y vascos tengan los mismos privilegios, que los niños y jovenes reciban las mismas subvenciones de estudios independientemente de la Comunidad Autónoma donde residan. Ya era hora de tener un Ministerio que se asegure de que exista un bilingüismo real en aquellas comunidades con lengua propia, un Ministerio que se ocupe de que no se den extremas facilidades a los inmigrantes y nos dejen a los españoles con el culo al aire, un Ministerio que empiece a mover todo lo necesario para que el voto de un vasco valga lo mismo que el de un andaluz, eso es lo que hacía falta.

- No, no. Nada de eso. Te equivocas de lleno. Se ocupará de que no existan diferencias entre hombres y mujeres.

- ¿Sólo? ¿Y para eso crea un Ministerio? ¿Para eso crear una nueva institución, una nueva cartera, un nuevo sueldo vitalicio? ¿Es que no le basta con el Ministerio de Asuntos Sociales?

- Parece ser que no.

- No sé cuándo se van a dar cuenta que cuanta más publicidad dan a la igualdad de hombres y mujeres más inciden en su diferencia. Ya aprobaron la ley de paridad que obligaba a los partidos a tener el mismo número de hombres y mujeres en sus listas ¿de qué sirve que una persona sea más o menos competente si al final lo que importa es que sea hombre o mujer independientemente de su valía?

- Querrá hacerse el guay.

- De momento ya tiene publicidad positiva. Ahora todos los súper-progres estarán contentísimos con este Ministerio tan social que no servirá más que para gastar más dinero en nada.

- La política es así.

- Vaya mierda.

El caso McGraham - Cap. 09/17

Unos minutos después, la eficiente secretaria llegó con los papeles en la mano. “No tengo copia, así que debe revisarlos aquí. Puede sentarse en aquella mesa tanto tiempo como necesite”. El detective se quitó su gabardina y se acomodó detrás de aquella mesa semivacía, esparció los papeles y comenzó a leer.

Media hora después terminó de revisar aquel documento por tercera vez. Efectivamente la compra no llegó a efectuarse. Al parecer, los directivos de Karlson Inc. pidieron el doble de lo que habían acordado. La subida se debía por la compra a última hora de un proveedor de la India por parte de Karlson Inc. Esto abría grandes beneficios a la empresa, pero no resultarían el doble. Estaba claro que querían sacar una buena tajada, a lo que Michael McGraham y sus asesores se negaron.

Sandra se acercó a la mesa donde Cardigan releía una vez más esas hojas. “No. Cuando terminó la reunión yo me había marchado ya”. El detective le preguntó a qué hora llegó a la oficina el día siguiente. “El día del suicidio, Michael McGraham no pasó por aquí. Yo supuse que estaría celebrando la compra, aún no me había enterado del fracaso de la reunión”.

Cardigan aludió que trabajar cinco años al lado de una persona, le permitiría a cualquiera prever sus reacciones. “¿Me pregunta si creo que se suicidó por no haber llegado a comprar Karlson Inc.? No. Si tenía otras razones, las desconozco, pero no fue por la reunión del día anterior. McGraham habría conseguido comprarla antes o después. Nunca se daba por vencido. No sería la única empresa que no consigue a la primera, ya hay un puñado en esa lista”.

Cardigan estaba desconcertado. No veía ningún tipo de móvil por ningún sitio. Así que a la desesperada le insinuó a Sandra Collins si había mantenido alguna relación más personal con el empresario. Collins reaccionó molesta y aseguró que se había ganado su puesto a base de mucho trabajo y negó por todas haber mantenido relación alguna más allá de lo que a su profesión respectaba. Cardigan se defendió diciendo que esa clase de preguntas eran rutina profesional. Lo que estaba claro es que no tenía nada.

Cuando el detective se disponía a abandonar la oficina, Sandra lo llamó. “Hace un par de días recibí la llamada de un notario. Al parecer McGraham me dejó la clave de la caja fuerte de su despacho. Mañana por la mañana vendrá el notario a hacerme entrega de la contraseña. Si quiere, puede estar presente”.

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El caso McGraham - Cap. 08/17

Sandra Collins abrió la puerta, un tipo con sombrero apareció detrás y quitándoselo se identificó como el detective Cardigan. Sandra fue durante los últimos cinco años la secretaria de míster McGraham y sabía mejor que nadie cómo el empresario distribuía su tiempo y a quién se lo dedicaba. La esbelta secretaria pidió al detective que se sentara. Cardigan sacó la agenda. “¡Ah! ¿Tiene usted la agenda?” dijo miss Collins sorprendida. Cardigan le explicó que había sido contratado por la viuda y que ella misma le había entregado la agenda. “Lady McGraham pasó por la oficina después del funeral. Me pidió la agenda y se la llevó”.

Cardigan abrió la agenda por el día cuatro de octubre, un día antes de su suicidio. Ese día, a las 3:00 PM tenía una reunión con los directivos de Karlson Inc. No había nada más apuntado para ese día. “Por la mañana míster McGraham se sentó en su despacho a atender algunas llamadas, como hacía muchos días. A media mañana bajó a por un café, como siempre, siguió con sus llamadas, volvió a bajar a comer y a primera hora de la tarde volvió a subir para su reunión”.

El detective le hizo la socorrida pregunta de si vio algo extraño en él aquel día. “Sí. La verdad es que sí. Esa mañana estaba especialmente contento. Cuando subió después de haber comido, recuerdo que tarareaba alguna canción. Míster McGraham siempre se mostraba serio, no es que estuviera disgustado por algo, era su manera de ser. Me sorprendió verle canturrear, pero no era para menos, aquella tarde iba a comprar Karlson Inc.”.

Karlson Inc. era la industria textil más potente de la ciudad. Sus tejidos se exportaban a todo el país. El tinte que usaban para sus telas y lanas era su secreto mejor guardado. McGraham había comprado ya varias empresas textiles con la finalidad de hacer sombra a aquel duro competidor. Claro está, no tuvo éxito. Aquella misma tarde compraría Karlson Inc. consiguiendo el monopolio no sólo de la ciudad, sino de todo el estado.

Cardigan se interesó por el resultado de la reunión. “No consiguió comprar Karlson Inc.”. El detective quiso saber más detalles de aquel improductivo encuentro. “Lo siento, nunca estoy presente en ninguna reunión. Sólo soy la secretaria, nada más”. Claro, sólo era la secretaria ¿nada más? Las relaciones jefe-secretaria siempre se movían mucho más a allá de lo estrictamente profesional, pensó Cardigan. “Pero puedo conseguirle el acta de la reunión”, continuó miss Collins.

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