Me la follo, le pago, le doy una paliza y recupero mi dinero

Uno de los “trucos” a la hora de jugar a Grand Theft Auto es éste del título, y es que subirte alguna prostituta al coche y luego alejarte a un descampado para hacer manitas te hace subir vida.

Estoy aprovechando estos días de vacaciones para echarle un ojo al último de la saga de este juego, grande entre los grandes. No haré ningún análisis ni diré nada que ya haya dicho la prensa especializada; no soy ni pretendo ser ningún gurú.

¿De verdad es para tanto el juego? ¡Ay! Aún recuerdo cuando jugué al primer GTA en la PlayStation (la One)… con esa cámara desde arriba y botones específicos que sólo servían para tirarte pedos y eructos… nada que ver en lo que se ha convertido ahora.

Si la violencia siempre ha sido su marca no hay que olvidar otro de los encantos de este juego: los diálogos. Y es que un buen guión hace a un videojuego más estimulante.

Los gráficos… pues los de siempre. Nunca fueron excelentes y los movimientos tan robóticos como en los anteriores. Si bien es cierto que la potencia de la nueva generación (yo lo he probado en PS3) hace posibles una visión del horizonte más extensa y permite ver los edificios de Nueva York Liberty City del otro lado del puente.

Bien es cierto que la calidad gráfica no es definitiva para que un juego, aunque sea de nueva generación, pueda definirse como bueno o malo. Ahí está el caso de un famosísimo juego de velocidad: Gran Turismo. Tal vez el mejor simulador de conducción que exista porque entre otras cosas goza siempre de unos gráficos impecables y bien cuidados. Pero es un juego que, para mi gusto, le falta mucho de diversión. Una de las razones que no lo hacen divertido es que es un juego de carreras con el que no se tiene el mínimo sentimiento de velocidad. Sinceramente, siento más velocidad con el carrillo de la compra.

El primer contacto con GTA4 fue bueno, muy bueno. Vídeo de presentación, como siempre. El protagonista es nuevo en la ciudad y tiene que empezar a conocerla. Las primeras misiones las encarga tu primo, un inmigrante que llegó para realizar el sueño americano pero que no ha pasado de vivir en un cuartucho lleno de cucarachas. Al poco tiempo ya te echas novia y te vas con ella a jugar a los bolos. Y es que si algo tiene esta saga, es el poder de procrastinación que permite olvidar el argumento principal para dar un tranquilo paseo por la ciudad.

Mucha policía. Abundan muchos coches de la poli pero ahora es más fácil huir. Y es que la gente en Liberty City es muy rara, se mosquean sólo porque le das un puñetazo en la cara… y ahí entra otra de las cosas que lo hacen divertido: los comentarios del resto de la gente. Como la ciudad está inspirada en la mismísima NY, la cantidad de hispano-hablantes es muy grande y más allá del “son of bitch” o “suck my cock” se pueden escuchar grandes comentarios como “come huevos” o “¡madre mía! ¡qué ponchada! ¡Esto es muy crazy Joe!”, por poner un par de ejemplos.

Además, se vuelve a recuperar una radio hispana como ya tuviera Vice City con Radio Espantoso y pasamos del “o la tomas o la dejas, la vida es una lenteja” al “vamos a hacer maldades” en San Juan Sounds al más puro estilo reguetón.

Podría contar muchas cosas más como el protagonismo del teléfono móvil, los nuevos clubes de Striptease, los cibercafés, la poca presencia de motos, el poder salir disparado por la luna de los coches cuando tienes un gran choque, el poder montar en metro (no sé si se podrá conducir, en San Andreas sí se podía dirigir el tren y descarrilarlo)… y otras tantas características nuevas.

En sí el juego no innova en nada que no haya hecho antes. Son nuevas misiones en una enorme ciudad entera por conocer, con algunas características que lo hacen nuevo y tan irresistible como siempre.

El caso McGraham - Cap. 13/17

Estaba en su despacho jugando con una caja de madera. Tenía un par de esmeraldas y un rubí engarzados en la tapa. Dentro, una bailarina también de madera no dejaba de dar vueltas al ritmo de la monótona musiquilla. Oyó que alguien se acercaba a su despacho y se apresuró a esconder la cajita debajo de la mesa.

Una figura con sombrero se vislumbraba tras los cristales de la puerta. La hizo entrar. Era lady McGraham que venía de nuevo de incógnito. Se quitó el sobrero y se desabrochó la gabardina. La invitó a que se sentara. La viuda declinó la oferta y preguntó al detective qué había de nuevo. Le explicó lo que encontró el día anterior en la agenda y la conexión con las fotografías. “¿Ha leído hoy el periódico?”. Cardigan negó, preguntándose a qué venía esa pregunta; lo tenía sobre la mesa pero no lo había hojeado. “Ábralo por la sección de sucesos”.

En aquella página, el titular era directo: “Prostituta asesinada”. Más abajo continuó leyendo la noticia. Al parecer una mujer, se podía intuir que Melinda, había sido encontrada en un callejón con dos tiros en la cabeza. No podía creer lo que estaba leyendo. Lady McGraham la había matado. Aquella mujer estaba loca. Cómo pudo haber hecho semejante barbaridad. Había matado a una persona. Se levantó furioso de su asiento increpando a la viuda. Se había tomado la justicia por su mano. “Ojo por ojo. Esa furcia estaba destrozando mi matrimonio. Sé que ahora eso ya no importa. No me arrepiento y mucho menos después de la información que me acaba de dar. Si esa puta no hubiera aparecido seguramente mi marido seguiría aún vivo. Aunque si no hubiese sido ella tal vez hubiera sido otra. Eso es lo de menos”.

Cardigan seguía de pie. No podía creer lo que esa mujer le estaba diciendo. La había matado y estaba tan tranquila. La vena del cuello se le empezó a marcar cuando lady McGraham empezó a hablar de nuevo. “Estoy segura que será discreto con este asunto. Ya ha visto que mi gente trabaja muy bien”. Hablaba tranquila, tenía el control de la situación. “Además, yo le pago para obtener resultados” dijo alzando claramente la voz. “Hasta ahora no tiene nada ¡Nada! Sólo pistas inconclusas. Acaba de descubrir que mi marido no se suicidó ¡eso se lo dije yo el primer día”, añadió alterada. “Confié en usted detective Cardigan. No haga que me arrepienta ¡Quiero resultados!”.

Volvió a abrocharse los botones y se colocó el sombrero en la cabeza. Cerró de un portazo la puerta. Cardigan seguía de pie. Intentaba calmar su furia por todo lo que le había dicho lady McGraham. Se sentó. Pensó que tenía razón. Necesitaba respuestas y las necesitaba ya.

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El caso McGraham - Cap. 12/17

El detective y la secretaria leyeron la agenda personal de míster McGraham. Estaba repleta de citas a escondidas, hoteles, timbas de póker, escapadas fuera de la ciudad… Ahora Cardigan tenía del todo claro por qué esos documentos nunca deberían haber sido vistos por lady McGraham.

El caso se volvía interesante. El ángel perfecto y trabajador, la figura impecable y respetada que representaba Michael McGraham resultaba tener más que un punto desenfadado. Nadie podía ser tan perfecto.

Aunque la mayoría de los días de la agenda estaban en blanco, sí aparecían de manera esporádica las clases de citas antes mencionadas. Georgina, Lilibeth, Marcia… y últimamente y cada vez más frecuentemente Melinda. Estaba claro, Melinda era su amante. Una amante más que interesada, si es que trabajaba en el Shan Sarah y su oficio no fuese otro que el de usar su cuerpo para seguir viviendo, tal y como apuntaban todos los indicios.

A parte de como agenda, también lo usaba como diario. Al lado de cada partida de póker reseñaba quién estaba presente y cuánto dinero había perdido o ganado. Las citas con Georgina, Lilibeth etcétera se completaban también con el lugar de encuentro e incluso la propina dejada.

“¿Tiene algo apuntado el día de su suicidio?”, preguntó miss Collins desbordada de curiosidad. Cardigan movió las hojas hasta llegar al 5 de Octubre, jueves. Efectivamente ese día tenía escrita una cita: la cita. “2:00 PM - Hotel Connery - Reunión con míster Lopez - Fotos Melinda”.

Esa pista era importante. Míster López no era ningún seudónimo para despistar, era otra persona; además tenía mucho que ver con las fotografías de Melinda. Olía claramente a chantaje: te mando unas fotografías comprometedoras y hablamos de negocios. Algo debió salir mal porque uno de ellos acabó muerto. Ahora estaba claro: Michael McGraham no se suicidó.

Lady McGraham seguía encerrada en el despacho. Cardigan cerró la agenda. Se despidió de la secretaria, que ociosa quería seguir husmeando el dietario, y salió de las oficinas. Ya en su despacho dejó el sobre y la nueva agenda y bajó a comer a Joe’s. Después se apresuró antes de que se hiciera tarde y fue a la tintorería a recoger la ropa que llevaba olvidándose desde hace varios días.

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Razón para no leer El señor de los anillos

Las modas son caprichosas. Una de las últimas sagas en relanzarse ha sido El señor de los anillos de J. R. R. Tolkien y como moda se empezó a regalar estos libros y yo recibí uno de ellos como regalo. Por suerte a nadie le ha dado por regalarme los Harry Potter de J. K. Rowling, aún me sorprende ver a niños de siete años leyéndose esos tochos de libros. En mi niñez leer un libro así de gordo a esa edad me resultaba imposible, tirábamos con los de Barco de Vapor, pero como ahora es una moda…

Me regalaron La comunidad del anillo y mientras la leía decidí que no volvería a leer ningún libro más de la saga. Es un libro hartamente aburrido y no para de detenerse en detalles nimios.

Haciendo una parodia al texto podría comenzar así:

Cuando Frodo Bolsón y Sam Gamyi pusieron el pie en la senda que les llevaría hasta su destino se encontraron con la primera piedra del camino, se llamaba Hiloytun. Hiloytun no era una piedra grande, pero tampoco pequeña y era característica por su forma pues aparecía un abultamiento en uno de sus costados. Justo a su lado y detrás de ella estaba Bratenmart un canto rodado sacado del río por Restrefalt uno de los niños vecinos que vivía en La Comarca. Bratenmart era una piedra que tenía milenios y se pulió a base de rodar durante años siguiendo el curso del río. Cuando Restrefalt acudió un día a bañarse en el río, cogió a Bratenmart junto a Girolda y Tusstina, otras dos piedras del río y se las guardó en el bolsillo. Cuando volvía a casa en el carro de su padre, el maestro carpintero Thombós que había construido la casa en la que él y su familia vivía con las maderas de los álamos que crecían al lado de uno de los claros del bosque que descubrió una vez que se le escapó Yumizape, la yegua que compró en el mercado de Tetter cuando se celebró la última feria del ganado, en uno de los numerosos brincos que daba la carreta, Bratenmart cayó del bolsillo de Restrefalt y quedó allí plantada al lado de Hiloytun. Un par de metros más allá de Bratenmart estaba Sutergunmenterjunishezantoni, una piedra de bordes rectos y afilados que tres meses antes se encontraba a dos millas de distancia, pero que con el paso de carros, carrozas y caballos había avanzado todo ese tramo en tan poco tiempo. Sutergunmenterjunishezantoni era una piedra nueva que se había desprendido no hace mucho de Voltreska Madre, una gran roca caliza que se situaba al lado del camino y que con el paso del tiempo y los cambios bruscos de temperatura se habría quebrado dando lugar a Sutergunmenterjunishezantoni. Frodo y Sam dieron el primer paso.

Vamos que mete un montón de historia insufrible y en la trama no ocurre una mierda. Y el resto del libro sigue así y así y así.

Y como para gustos los colores, el mío el verde.

El caso McGraham - Cap. 11/17

Depositó ambas cosas sobre la mesa del despacho. Volvieron a cruzar sus miradas. Sandra notó cómo los otros dos pares de ojos le inquerían que fuera ella quien hiciese los honores. Cogió el sobre. Era grande, de tamaño carta. “Melinda y tú” leyó lo que ponía en la cara del sobre. Le dio la vuelta. No había remitente. Sólo la estampación que certificaba la hora a la que llegó a las oficinas: “19 de septiembre - 8:40 AM”. No había sello. Lo habían entregado en persona. Abrió el sobre y lo volcó, dejando salir lo que había en su interior.

Unas fotos en blanco y negro se esparcieron por la mesa. Los tres se abalanzaron sobre ellas, cogiendo un puñado cada uno. Las imágenes que se mostraban eran claras. Michael McGraham engañaba a su mujer con ¿Melinda? Examinaron las fotografías, cada una tenía fechas diferentes escritas en el reverso; fechas de cuándo fueron tomadas. Fotografías en actitud más que cariñosa con aquella señorita. Iban juntos de la mano, del brazo o de la cintura. Besos. Fotografías también de varios besos.

Collins y Cardigan miraban la cara de lady McGraham que observaba muy pendiente todas las fotografías. Su rostro reflejaba una rabia contenida mientas pasaba las fotografías una a una. Por fin espetó “Shan Sarah”. Alzó la vista hacia sus dos interlocutores y se explicó “Las fotografías siempre están tomadas en el Shan Sarah; se puede leer en varias el rótulo ¿Qué tipo de local es el Shan Sarah?”. La secretaria y el detective se miraron preguntándose ¿lo sabes tú?

La cara de lady McGraham estaba muy roja. Cardigan lo sabía. Sabía que aquel local era un club de chicas fáciles. Él ya se conocía varios. No dijo nada por miedo a que la iracunda viuda la tomase con él. Cardigan abrió la boca únicamente para decir que lo investigaría.

Lady McGraham cogió la agenda. Empezó a pasar páginas hacia delante y hacia detrás. A veces se paraba, leía algo más atentamente y volvía a pasar de página. Cerró la agenda y se la tendió al detective “Investíguela. Coja también las fotos y guárdelas bien. No me gustaría verlas publicadas en ningún periódico, se lo advierto”. Cardigan se apresuró a recoger las fotografías y guardarlas en el sobre. “Ahora, por favor, déjenme sola en el despacho. Tengo que hacer unas llamadas”. Cardigan y miss Collins cerraron la puerta tras de sí. Fueron a la mesa de la secretaria, donde abrieron la agenda.

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Emparanoiado

Fue el jueves 3 de abril. El domingo anterior había sido el cambio de hora. Me acosté a las 22:30 justo cuando el Getafe marcaba gol. Estaba tan cansado que me quedé dormido enseguida. Me desperté con la alarma del despertador, intentaba pararla dándole al botón pero la alarma seguía sonando. Le di a otros botones pero seguía sin parar hasta que por fin le di a uno y el ruido cesó. Eran ya las 6:00 de la mañana, hora de levantarse. En el reloj-despertador aparecían las 23:30. No podía ser si ya eran las 6:00, habría habido algún corte de luz durante la noche y se habría quedado esa hora ¿y la pila del despertador que conserva la hora? Estaría gastada. Bueno, pero ¿qué hora era exactamente? Alargué el brazo y cogí el teléfono móvil; ponía que eran las 22 y pico ¡hostia si no había cambiado la hora aquí! Tontería guiarme por el móvil. Pero miré y tenía una llamada perdida ¿una llamada perdida? De un número que desconocía ¿A qué hora? Las 22:30. ¿22:30? Pero si a esa hora me acosté y no escuché nada. Vamos a ver, pero qué hora era en ese momento. Alargué de nuevo el brazo a la mesilla de noche y cogí mi reloj de pulsera, ese nunca falla. Miré la hora y vi que eran las 23:30 ¿también aquí? A ver, a ver ¿qué estaba sucediendo? Eran las 23:30, eso ya era seguro, pero ¿por qué sonó el despertador a las 23:30? Miré la hora de la alarma para asegurarme y vi que efectivamente tenía las 6:00. Llevaba durmiendo nada más que 1 hora y me pareció que llevaba toda la noche. ¿Pero por qué sonó la musiquilla del despertador? ¡Un momento! En el despertador tengo puesto la radio y esa musiquilla que sonó… esa música que sonó era del móvil. ¿Cuándo me dejé yo puesta la alarma del móvil? Cogí el móvil otra vez y miré la configuración del despertador. Estaba deshabilitado. ¿Entonces? ¡Claro! La llamada perdida. No fue a las 22:30 como quedó reflejada, si no que fue a las 23:30 que era la hora auténtica y que no había cambiado. Me llamaron al móvil y me despertaron, sólo fue eso, y yo me monté una película de órdago. Me di media vuelta. Tenía 6 horas y media aún por dormir.

El caso McGraham - Cap. 10/17

Aquel despertador infernal volvió a sonar a las seis de la mañana. Alargó el brazo e hizo que el ruido cesase. La luz se colaba por la ventana. Se dio media vuelta pero aquellos ojos verdes que le observaban algunas mañanas no estaban hoy.

Cardigan se incorporó sobre la cama y puso los pies en el suelo, permaneciendo sentado se rascó la nuca y abrió el primer cajón de la mesilla de noche, cogió algo y lo volvió a cerrar. Se levantó por fin, dejó un par de aspirinas sobre el mostrador de la cocina y se metió en la ducha, donde acabó de despertarse.

Cuando salió de la bañera se dio cuenta que se le había olvidado de nuevo recoger de la tintorería la ropa que dejó, así que no tuvo más remedio que rebuscar entre la ropa sucia para escoger la camisa más decente y pasar el día, pero no encontró nada. Al volver a su habitación abrió el armario y no le quedó otra más que coger aquel jersey verde de lana con dibujos de rombos tan impropio de él, pero no tenía otra cosa. Se preparó un café y se tomó las aspirinas que había dejado en la cocina. Aquel caso era distinto al resto, tenía algo que no tenían los demás. Se le estaba complicando. Aún así, estaba convencido que pronto llegaría el momento en que encontraría un culpable.

A la hora convenida, Cardigan se presentó en la oficina de Michael McGraham donde lo esperaba la secretaria Sandra Collins y alguien más. “Buenos días detective”, le saludó lady McGraham admirando su jersey. Cardigan se sorprendió de su presencia, no sabía que miss Collins también la hubiese citado a ella y así se lo hizo saber. “No sé de qué se sorprende detective. Al fin y al cabo todos los negocios de Mike son míos ahora y la eficiente Sandra seguirá ocupando su puesto; todo sigue igual, salvo que ahora soy yo la que manda”. Al momento llamaron a la oficina.

Sandra Collins abrió la puerta, un tipo con sombrero apareció detrás y quitándoselo se identificó como el notario. Aquél hombre alto y desgarbado traía un maletín en su mano izquierda. Se disculpó por el retraso y pidió una sala donde comunicarle el número de la caja fuerte a miss Collins. Ella lo dirigió hasta el despacho de Michael McGraham y pidió la presencia de las otras dos personas. El notario leyó el documento e hizo que Sandra lo firmara una vez concluido. El notario cerró su maletín y se marchó.

La copia que había dejado contenía el número secreto para abrir la caja fuerte. Cardigan no paraba de preguntarse por qué míster McGraham dejó bien claro que el contenido de su caja fuerte debía estar en manos de su secretaria y no de su mujer.

Sandra se acercó al cuadro con la pintura de unos perros y un cazador, lo retiró y apareció la ansiada caja. Giró la cerradura siguiendo la lista de números que aparecían en el papel y la caja se abrió. Los tres se miraron y miss Collins procedió a sacar lo que había en su interior.

De ella sólo pudo extraer dos cosas: un sobre y una agenda.

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Ministeriando

- ¿Qué te parece el nuevo Ministerio que ha creado ZP?

- ¿Ha creado un nuevo Ministerio?

- El Ministerio de la Igualdad.

- ¿Ah sí? Por fin un Ministerio que se ocupe de que todos seamos iguales. Que los extremeños, catalanes, manchegos y vascos tengan los mismos privilegios, que los niños y jovenes reciban las mismas subvenciones de estudios independientemente de la Comunidad Autónoma donde residan. Ya era hora de tener un Ministerio que se asegure de que exista un bilingüismo real en aquellas comunidades con lengua propia, un Ministerio que se ocupe de que no se den extremas facilidades a los inmigrantes y nos dejen a los españoles con el culo al aire, un Ministerio que empiece a mover todo lo necesario para que el voto de un vasco valga lo mismo que el de un andaluz, eso es lo que hacía falta.

- No, no. Nada de eso. Te equivocas de lleno. Se ocupará de que no existan diferencias entre hombres y mujeres.

- ¿Sólo? ¿Y para eso crea un Ministerio? ¿Para eso crear una nueva institución, una nueva cartera, un nuevo sueldo vitalicio? ¿Es que no le basta con el Ministerio de Asuntos Sociales?

- Parece ser que no.

- No sé cuándo se van a dar cuenta que cuanta más publicidad dan a la igualdad de hombres y mujeres más inciden en su diferencia. Ya aprobaron la ley de paridad que obligaba a los partidos a tener el mismo número de hombres y mujeres en sus listas ¿de qué sirve que una persona sea más o menos competente si al final lo que importa es que sea hombre o mujer independientemente de su valía?

- Querrá hacerse el guay.

- De momento ya tiene publicidad positiva. Ahora todos los súper-progres estarán contentísimos con este Ministerio tan social que no servirá más que para gastar más dinero en nada.

- La política es así.

- Vaya mierda.